Del otro lado de la frontera, geopolítica, migración y poder. La perspectiva de Marruecos.
Diario etnográfico, cuarto capítulo.
8/3/202615 min read
Notas de campo
Del otro lado de la frontera, a primera vista, se notaba la diferencia, la infraestructura luce deteriorada, un poco más caótica que del lado español; de algún modo me sentí en un espacio familiar, quizás, algo parecido a lo que malintencionadamente llamamos tercer mundo. Para los españoles es importante recalcar esta diferencia; por eso, Ceuta me dio la impresión de ser una burbuja y, con justa causa, el reino de España necesita recrear un paraíso artificial dentro de un reino mucho más antiguo y relevante para la historia de Europa, como lo representó Marruecos siglos atrás.
Étnicamente, el contraste entre ambas fronteras se evidencia, me llamó la atención la fisionomía, los profundos rasgos árabes, pero a su vez multiétnico. Basta con cruzar la frontera para percatarse de que Marruecos no es Occidente, por mucho que se modernice al estilo europeo.
Una vez que he atravesado el largo túnel que separa la migración de la salida principal, un horizonte militar se despliega a lo largo de esa ruta. Una decena de camionetas blindadas estacionadas en el parking de aduanas: tanques antidisturbios, militares, policías, agentes secretos. El ecosistema de defensa o de contraofensiva de la maquinaria del Estado.
Ellos me observan mientras transito hacia una parada de autobuses, donde me detengo un momento; veo a una persona preparando un cigarrillo y le pido uno. Resulta ser español. Sus recomendaciones me bastaron para entender que lo que se vivía en la frontera no tenía explicación; según él, eso no era normal en los 30 años que llevaba visitando el país. Una sola frase bastó para impulsarme a continuar: “No te preocupes por la seguridad, aquí no te van a robar”. Viniendo de Suramérica, esto me bastó para comprender que no hay forma de equiparar las formas de violencia o de inseguridad manifestadas en cada continente.
Luego de terminar de fumar, busqué la estación de buses más cercana; de forma intuitiva me subí a uno que confirmaba una ruta que sospechaba era la correcta, pero siempre lo dudé; el chofer no hablaba más que su lengua local. Al final, me dejé llevar por la vida. El camino a la ciudad era precioso: entre el sucio de toda frontera comercial, la arena y la estética de otra civilización. Hipnosis cultural.
Una mujer a mi lado me tradujo una frase del conductor: —última parada—. Bajé del auto en una calle concurrida, un mercado abierto lleno de pequeños locales al costado de la vía; del otro lado, la inmensidad del mar. Todos vestían según su cultura, hermosos vestidos de satín cubriendo de pies a cabeza sus cuerpos, algunas mujeres cubriendo, incluso, hasta los ojos. No me había percatado que mi hotel estaba ahí mismo, lo tenía enfrente de mis ojos, pero no lo vi porque mi cabeza aún no aterrizaba y el puto mapa de Google me llevaba hacia otra dirección.
Este me indicaba otra dirección, 30 min caminando hacia el interior de la ciudad. - ¿Qué otra opción tenía? ¡Ninguna! - me dije para mí mismo. Emprendí el camino sumergido en el desconocimiento. Algo que no era nuevo para mí. Los etnógrafos solemos atravesar situaciones de este tipo; yo lo defino así: navegar en una cultura ajena es como saltar en el Amazonas, nunca sabrás qué encontrarás bajo sus aguas.
Pequeños negocios informales se agolpaban en calles diminutas; cientos de personas caminaban de un lado a otro; mercancías que nunca había visto, de otras estéticas. Cafés llenos, en su mayoría de hombres; no hay bares ni cantinas porque el alcohol está prohibido. Seguí el mapa hasta un punto en el que no logré encontrar el hotel. Cansado. Encontré un restaurante de esquina. —¿Can you give me wi-fi code, please? - pregunté. Uno de los camareros me guió hacia una persona sentada en una mesa de la terraza; pensé que era el dueño.
El hombre me atendió en un español fluido; según él, vivía en Ceuta, pero cada fin de semana venía a hacer compras en Castillete. En esa ocasión visitaba al dueño del restaurante mientras esperaba a que su esposa saliera de un SPA cercano. Finalmente pude conectarme a internet y encontrar la dirección correcta. El mapa me había llevado a un lugar incorrecto, según este, me encontraba del otro lado de la ciudad. Hicimos rápidamente, de modo que le consulté su opinión sobre lo que estaba sucediendo en la frontera; por supuesto, me situé en una posición de completo desconocimiento. Con su permiso, iniciamos una conversación a modo de entrevista que quedó registrada de la siguiente manera.
Mohamed me muestra algunos de sus videos personales grabados el día de lo que él define como el “asalto” a Ceuta:
Nota: la transcripción de la entrevista ha sido editada para extraer lo más relevante, construir un hilo conductor sobre los hechos registrados. He organizado los temas de modo que la entrevista tenga una lógica clara, dividida en temas y hechos. Algunos dispositivos de IA me ayudaron con la edición.
Resumen: La conversación gira en torno a la situación migratoria en la frontera entre Marruecos y España, destacando el caos y la llegada masiva de personas. Se menciona que el mismo día se registraron cifras récord de 80.000 entradas, lo que provocó un descontrol. Uno de los hablantes relata su experiencia personal, observando la intervención de la policía y la presencia de grupos de extrema derecha. También se discuten las condiciones de vida en Marruecos y en España, así como las expectativas erróneas que tienen los migrantes sobre su futuro en Europa. Se aborda la complejidad de la política entre Marruecos, España y Estados Unidos, incluyendo el conflicto del Sáhara Occidental y las relaciones diplomáticas. Finalmente, se mencionan las situaciones económicas y sociales en ambos países, resaltando la desigualdad y la seguridad.
Entrevista
William: ¿Eso fue el mismo día?
Mohamed: Ahí está la frontera, enfrente. Yo voy para allá el mismo día, mira, mira, mira… Eso es el mismo día de la entrada, cuando pasó todo eso. Eran como las siete de la tarde y llevaba así todo el día, sin parar. Ahí tienes la frontera, mira: estoy dejando que crucen, no hay guardias de seguridad, vienen directo del agua.
William: ¿Ahí fue cuando cruzaron hacia España?
Mohamed: Esta es la frontera, ya estamos en la frontera, hasta se ve a la Guardia Civil. Y esto que ves es el panorama del mismo día del asalto, en directo. Así fue, a lo largo de casi un día completo, entrando sin parar. Llegaron a cifras de ochenta mil personas. Jamás en la historia de Ceuta habían entrado tantas en tan poco tiempo. Es un caos, un caos total. Murió también mucha gente ahí. Yo paré la moto porque quería ver, y la Guardia Civil me echó; aquello era absurdo.
William: Yo he estado viviendo esto de otra manera, a la distancia. Los medios nos cuentan otra historia, ¿entiendes?
Mohamed: Todos esos muchachos… la policía no daba abasto. Esto fue el mismo día: miraras por donde miraras, había miles de personas corriendo en todas direcciones. Era un desmadre, una marea humana.
William: ¡Wow! Eso no se ve desde Colombia.
Mohamed: No, no lo vas a ver desde Colombia, ni en el plato de la televisión tampoco.
William: ¿Pero eran puros niños?
Mohamed: Sí, sí. Pero al día de hoy la mayoría de los chicos que viste ahí ya han vuelto voluntariamente. Había mujeres, niños, muchachos, todos mojados.
(Mohamed me muestra otro video.)
William: ¿Y aquí dónde es?
Mohamed: La parte del puerto. Mires por donde mires hay gente; toda la ciudad estaba así, completamente invadida, no había forma de moverse. Nadie esperaba aquello, ni Marruecos, nadie esperaba esa cosa. Esto era… ¡un asalto!
William: Pero hay dinero de fondo detrás de esto, ¿no?
Mohamed: Escúchame: el dinero lo reparten entre Marruecos y España, siempre es así. La subvención que viene de la Unión Europea para el tema de seguridad va a los dos países, pero normalmente la peor parte de contener todo esto la hace Marruecos, que es el primer filtro. Date cuenta de que debajo de nosotros hay cincuenta y cuatro países, algunos en guerra, en la ruina, en la miseria, y para la mayoría esta es la puerta de África, la última frontera. Es la puerta de toda Europa, y solo hay catorce kilómetros de estrecho.
William: Entonces, frente a una avalancha así, no se puede hacer mucho.
Mohamed: No vas a disparar contra niños y mujeres. ¿Cómo vas a detener eso? No hay forma. Además, el espigón tiene cinco metros, pero por dentro la gente puede pasar bordeándolo, sin necesidad ni de nadar.
William: ¿Qué los motiva a cruzar la frontera de ese modo?
Mohamed: Les venden la falsa promesa de que si llegan ahí van a conseguir arraigo familiar o asilo humanitario: los papeles, la residencia, el trabajo. Aquí todo el que llega me ve con una buena moto y se cree que esto funciona así, que a los tres meses ya tienes casa y moto. No saben que detrás hay trabajo, hipoteca, gastos. Ven a alguien entrando con un coche de doscientos mil euros y se creen que van a llegar a Alemania u Holanda con un coche así, cuando en realidad ese coche es una hipoteca. No les dicen la verdad: que van a terminar fregando platos y barriendo mesas por mil cuatrocientos euros de mierda el resto de su vida, y que si tienen familia no les va a alcanzar ni para comer. Si cobras el sueldo mínimo y pagas ochocientos euros de alquiler con una familia encima, creo que aquí tienen mejores casas que allá.
Nosotros aquí estamos entre dos fronteras: vivimos entre dos continentes, dos nacionalidades, todo doble, y también hay desigualdad. Yo soy español y al mismo tiempo marroquí, tengo el DNI español y al mismo tiempo mi casa está aquí también, ¿me entiendes? Nuestras familias están entrelazadas; si alguien de allá dentro está casado con alguien de aquí, es otra forma de vivir.
Yo salgo aquí todos los días a comprar mis verduras, o el melón, la sandía, por el precio y la calidad, o a comprar pescado, lo que se puede meter legalmente, ¿entiendes? Nuestra frontera en Marruecos también hace una gran labor para el tema de Europa. Esperemos que esto se acabe pronto: mañana viene un grupo del GRS, una unidad de intervención rápida de España, Guardias Civiles, preparada ante posibles disturbios.
Marruecos ya tiene todo el trabajo hecho, porque supuestamente había otra avalancha organizada para el día quince, pero no creo que la gente se atreva a acercarse.
William: Pero todo esto que está pasando, ¿tú no crees que está desestabilizando no solo a España sino también a la Unión Europea? Es como un pretexto para radicalizar mucho más la política antiinmigración.
Mohamed: El problema es que Marruecos está creciendo, ligado cada vez más a Estados Unidos e Israel. Lleva reclamando Ceuta y Melilla desde siempre, las considera norte de Marruecos. Además, tiene una guerra fría, casi directa, con Argelia —llevan casi setenta años de tensión— y buena parte de sus recursos están destinados al sur, a esa frontera. No hay relaciones diplomáticas ni terrestres entre los dos países; no se puede ni cruzar.
William: Yo quería irme por Argelia y me di cuenta de que no se podía.
Mohamed: Argelia es un país militar, socio de Rusia, mientras Marruecos lo es de Estados Unidos; cada uno defiende su interés. Y hay algo más: igual que el estrecho de Ormuz, aquí tenemos otro estrecho. Quien controla los estrechos controla el comercio del mundo; es casi una guerra, pero con una visión más futurista. Si el mundo se ha paralizado por un estrecho en Oriente Medio, imagínate controlar este: por aquí pasa el ochenta por ciento del comercio mundial, conecta a Estados Unidos y Latinoamérica con Asia y Europa. Son pocos estrechos y son fáciles de controlar: cuatro soldados con cuatro bazucas pueden parar el paso y hacerle al mundo un daño que no se repara fácilmente. Y Estados Unidos es uno de los principales aliados de confianza de Marruecos: lo apoya en el tema del Sahara Occidental, y a cambio Marruecos le da influencia aquí.
William: Yo no entiendo bien esto, apenas vengo a comprenderlo. No sabía qué era el Sahara Occidental. Según entendía, era un estado, pero no lo es. ¿Qué pasa con el Sahara Occidental?
Mohamed: El Sahara Occidental… Marruecos antes no existía como país único, era más bien un conjunto de tribus gobernadas, como pasaba en otros lugares. España tenía el protectorado del norte de Marruecos —ciudades como Tetuán, Tánger, Larache— y también el Sahara Occidental; Francia estaba por el sur. Entraron supuestamente como protectores, no como colonizadores a palos.
Luego, en 1975, Marruecos organizó la Marcha Verde: una marcha pacífica de unas cincuenta mil personas, lo mismo que después harían con Ceuta y Melilla. No se disparó ni una bala. Cargaron camiones y autobuses, y la marcha llegó a reunir más de doscientas mil personas que avanzaron hacia el Sahara frente a los españoles. Cuando murió el dictador Franco, España terminó cediendo el territorio.
Un grupo del Frente Polisario se quedó fuera y se refugió en Argelia; siguen en los campamentos de Tinduf, unas treinta o cincuenta mil personas que llevan desde 1975 viviendo en territorio argelino. Reciben financiación de Estados con intereses allí, porque el Sáhara tiene fosfatos, petróleo, y muchos otros recursos. Ya tiene cinco o seis ciudades grandes, con aeropuerto, petróleo, pesca —pero todo eso ya es de Marruecos desde el 75.
Marruecos construyó un muro de casi mil quinientos kilómetros para separarse de esa zona, porque Argelia apoya a los separatistas y quiere que tengan su propio estado dentro de Marruecos. Marruecos, en cambio, ofrece una autonomía, pero dependiente de Rabat en temas de defensa y seguridad. No es que ellos busquen autonomía: buscan dependencia.
William: ¿Y el Sáhara Occidental hoy?
Mohamed: Ya es de Marruecos, desde 1975. Son ciudades grandes —Dajla, Laayoune, Tarfaya— que suman miles de kilómetros. Algunos salen desde el lado argelino, con apoyo de Argelia y de países con intereses ahí, y forman un pequeño ejército: tienen tanques, vehículos blindados, y están en conflicto con Marruecos. Hay países a favor y en contra, según sus intereses. España apoyó al Polisario durante años, hasta que llegó Pedro Sánchez y empezó a respaldar la autonomía dentro de Marruecos.
Y ahí está el problema con Sánchez: hace poco, mientras se decidía dónde se jugaría la final del Mundial, él estuvo en Argelia. Para Marruecos solo hay una posición posible: o estás conmigo o estás en mi contra, no existe el término medio. No puedes estar bien conmigo un día y al siguiente con Argelia por interés económico. Si Sánchez fue a Argelia a buscar gas y hacer negocios, Marruecos puede tomar represalias. Esto podría ser una de ellas.
William: Marruecos tiene el apoyo de dos grandes aliados.
Mohamed: Ahí está. Marruecos le dice a España: soy tu socio fiable, te controlo el terrorismo, el narcotráfico, la inmigración clandestina. Hay ochenta mil empresas españolas en Marruecos, y un millón y medio de inmigrantes marroquíes trabajando legalmente en España. Tenemos mucho en común; no me traiciones, porque si lo haces, también puedo reclamarte Ceuta y Melilla, presionarte, chantajearte.
Y la Unión Europea también le tiene cierto aprecio: parece un país pobre, pero es poderoso por sus contactos con Estados Unidos. Aquí en Marruecos siempre hubo más de un millón y medio de judíos, nacidos y criados en el país, desde que fueron expulsados de Al-Ándalus por los Reyes Católicos —los sefardíes.
William: Muchos llegaron a Colombia.
Mohamed: Marruecos recibió hasta un millón y medio. Fue el único estado musulmán que les abrió las puertas; en cada ciudad marroquí hay barrios judíos, los mullah. Por eso los judíos consideran a Marruecos un poco como suyo, y lo defienden a muerte —algo interesante, y por eso Marruecos tiene tanto peso en ese ámbito. Además, fue el primer país del mundo en reconocer a Estados Unidos como estado, en 1777, cuando se independizó de Inglaterra.
William: Oye, ¿qué clase de historia me estás dando, hermano? Increíble, gracias. Yo desconocía por completo cómo se juega todo esto en esta parte del mundo.
Mohamed: Se juega así, hay muchas fichas sobre el tablero, muchos intereses, mucha física, y nosotros estamos en medio. Reflexionamos, miramos lo que hay: puede ser esta causa, o la otra, o un conjunto de indicios. Si Sánchez está en contra de Israel y de Estados Unidos, no quiere apoyar el genocidio israelí, planta cara a los aranceles y no quiere subir al cinco por ciento del PIB en defensa que pide Trump… si juntas todo eso, ya ves por dónde va la cosa. Es barco en botella.
Esto es lo que hay, y cada uno mueve sus cartas. España no puede responder con violencia a Marruecos, no puede levantar la voz más de la cuenta, porque sabe dónde está parada y lo que hay en juego. Se lo toma con filosofía, con templanza, intentando resolver el problema sin presionar de más. Cuando sabes que tienes enfrente un vecino con apoyo, con fuerza militar, con aliados fuertes, la Unión Europea siempre entra en los conflictos entre España y Marruecos, pero con mucho cuidado.
William: Escuché por ahí un artículo donde la presidenta Von der Leyen decía que le daban su apoyo a Marruecos, pero de forma muy sutil.
Mohamed: Por eso te digo, hay otra jugada: están peleando por la final del Mundial entre España y Marruecos. La final del 2030. Se decide esta misma semana. Marruecos ha gastado mil millones en un estadio para ciento veinte mil espectadores, y también quiere jugar aquí. Ahora mismo tenemos al presidente de la FIFA, Infantino, que no ha llegado ni a España ni a Portugal: ha llegado a Marruecos. Mira todas las cosas que se mueven: es un país supuestamente pobre, con mucha desigualdad y el PIB más bajo de la región, y mira hasta dónde llega. La final no se va a jugar en Nueva York; la gente que sigue el Mundial en Bogotá, en Perú o en Ecuador, la va a sentir fuerte, porque está compitiendo contra el imperio. España, políticamente hablando, tiene desde hace tiempo más fracturas, pero resulta que ahora mismo tiene más poder político. Hay mucho fuego ahí.
William: Hay mucho en juego.
Mohamed: Muchos juegos. Tierras, ciudades, intereses económicos, guerras, venganzas, de todo. Está metido de todo en la olla. Hay una autopista que acaban de inaugurar en el Sahara, mil quinientos kilómetros, que lleva el nombre de Trump.
William: ¿Con el nombre de Trump?
Mohamed: Imagínate: mil quinientos kilómetros por el Sahara hasta Esmara, con el nombre de Trump puesto encima. Así están las cosas.
William: Qué locura. No fue mala decisión venir para acá; creo que Alá quiso que nos sentáramos aquí para hablar.
Mohamed: Más o menos. Y te digo: lo mires por donde lo mires, hay muchísimos intereses, suelos estratégicos, cada quien defendiendo su control económico. Ahora Estados Unidos ve en Marruecos un socio viable: le compra armas, le vende toda la chatarra militar que le sobra en los almacenes. Estados Unidos no tiene amigos y nunca los va a tener; tiene intereses, no amistades. Ellos mismos lo dicen: yo no tengo amigos, tengo intereses.
William: ¿Son así de pragmáticos en sus relaciones?
Mohamed: Marruecos, Estados Unidos… quien paga más, ese es su amigo.
William: Amigo de tu enemigo.
Mohamed: Ahí está. Es como lo que tienen enfrente con Argelia: Argelia está del lado de Putin, y aquí enfrente tienen un aliado de Estados Unidos. A ver quién aguanta más. Prácticamente es así. A ver quién tiene más resistencia, quién gasta más, quién compra más; cada uno jugando sus cartas. Hace unos años, el gas de Argelia —con el que se abastecía media Europa— pasaba por territorio marroquí, y Marruecos se quedaba con su pellizco: si el gas pasa por mi tierra, pagas impuestos, o me pagas con gas y gasolina. Tenían los gasoductos pasando por aquí, por el estrecho. Cuando se cortaron las relaciones entre los dos países, el precio del gas se multiplicó por siete para llegar de otra manera, licuado.
William: Con lo de Rusia también cortaron el suministro, y ahí vino toda la inflación.
Mohamed: Y encima España se quedó sin muchos aliados para esa salida: no puede acercarse a Rusia porque apoya a Ucrania, y eso ya la enfrenta con Estados Unidos; Venezuela ya cayó del lado contrario, los países árabes alineados con Estados Unidos tienen sus propios problemas. Entonces, si estás peleado con Estados Unidos y te llega un invierno muy duro, necesitas gas para calentar las casas, necesitas consumo. Ante la desesperación, miras hacia Argelia, aunque tengas ese vecino difícil enfrente. Al final, mantienes tus costumbres y te buscas la vida.
William: ¿Tú crees que los españoles se están radicalizando mucho políticamente? ¿Por qué están girando hacia posiciones más duras, más de ruptura con el sistema?
Mohamed: Sí, totalmente de acuerdo. Pero el problema es el mismo sea izquierda o derecha, o incluso extrema derecha: si estás con el Tío Sam, estás con él; si estás en contra, tienes que ceder en algo igual. Si mañana ganara Abascal la presidencia, recibiría dos llamadas desde el fondo de la Casa Blanca: con Marruecos, buenas relaciones, buena vecindad, quédate calladito en tu sitio. Y a este le pasaría lo mismo que a otros: le llevarían a juicio a la mujer, al hermano, meterían a sus ministros en la cárcel, y quien queda al final, de una forma u otra, termina cayendo. Democráticamente se fueron por su mujer, le quitaron el pasaporte, le embargaron las cuentas;lo mismo pasó con el expresidente, y ahora estamos pendientes del juicio.
Yo ya estaba exhausto después de conversar durante más de dos horas con Mohamed. Además de temas políticos, me comentó sobre su vida personal, algunos problemas de adicción que tuvo en su juventud y, sobre todo, de las ganas que tiene de vivir, de ser mejor persona, padre y esposo. Ha hecho las paces con la vida. Muy gentilmente accedió a llevarme al hotel, no sin antes darme un tour por su ciudad. Volvimos al mismo lugar en donde me dejo el taxi unas horas antes; Mohamed me acompañó hasta la recepción del hotel.
Una luna gigante se asomaba sobre un inmenso y oscuro mar enfrente de mi habitación, la imagen lúdica del libro de las mil y una noches sacudía mi imaginación ante ese reflejo; la noche es vida en Castillejos, hay mucho ruido, pero yo solo deseo descansar. Mañana me espera otro día.
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