Más allá de la frontera (Castillejos). Sobre los pasos del migrante... De camino a Tetuán

Diario etnográfico, capítulo quinto.

10/12/20262 min read

Notas de campo

Mi segundo día en Castillejos comenzó con la panorámica de la playa y de la inmensa frontera desde la ventana de mi cuarto. Abajo estaban estacionados algunos vehículos policiales realizando labores de vigilancia. Un extremo de la playa estaba cerrado, algunas patrullas transitaban de extremo a extremo de la vía principal. Esta dinámica se mantuvo así durante el día. Policías encubiertos eran transportados en esos vehículos, vestidos de civil, quizás alguno que otro joven de la zona.

Me fui a tomar un café no muy lejos del hotel. Pasadas las 9 pm, el comercio local apenas comenzaba; las calles estaban vacías, muy diferente a lo que se ve por la noche. Entre España y Marruecos distingo una sola cosa: la vida. Muchos más niños y adolescentes en la calle, mientras Europa envejece, en el norte de África la vida se acumula tanto que les sobran jóvenes para exportar.

Entre las bebidas más famosas de este país se encuentran el té, el café y los jugos naturales. Con excepción del té, no sentí mucha diferencia con respecto a Colombia. Los bares o cafeterías suelen estar llenos de hombres de mediana edad; imagino que, como no se bebe alcohol, ¿qué mejor que tomarse un café y compartirlo con amigos, vecinos o colegas? En mis adentros sentía envidia de esto; en Latinoamérica naturalizamos beber alcohol, o al menos yo solía hacerlo en exceso. Pienso que por esa razón se ven tan serenos. Durante toda mi estadía en Marruecos no consumí alcohol.

En esta ciudad parecía que nada hubiera pasado, que el suceso de Ceuta y esa gigante ola de migrantes no habían pasado por ahí. Caminé cerca de la playa, ahí seguían estacionadas un par de furgonetas de la policía. —¿Qué hago? — me pregunté luego de concluir, sobre el terreno, que mi tiempo en esta ciudad se había agotado. No tenía cómo profundizar en el tema con otras personas; las barreras lingüísticas, mi falta de orientación y, ante la ausencia de un verdadero plan de trabajo, no me quedaba de otra que asimilar mi método al movimiento. Me lancé al vacío. No soy un turista, ni un periodista, ni un agente secreto. Busco respuestas a preguntas que me ayuden a entender las dinámicas migratorias en este hemisferio sin dejar de pensar en lo que sucede en las Américas.

Tengo muchas sospechas y no quiero caer en afirmaciones o conclusiones academicistas y mediáticas que buscan superponer narrativas hegemónicas a la comprensión que el proceso de observación participante produce en términos de datos; me importa seguir mi propia intuición, seguir las pistas que, a modo de gran telar, voy tejiendo de a poco, juntar voces, experiencias otras, fotografías, documentos audiovisuales. Un arsenal de información que espero ir interpretando conforme desenredo la trama del conflicto que representa la migración en esta parte del mundo.

Los migrantes llegaron a pie a la frontera con Ceuta. ¿De dónde? No lo sé. Pero también lo hice yo. -Return to the sourse- Pensé mientras decidía mi próximo paso: ¿cuál era? - Volver al camino, hacia el sur. Próxima estación: ciudad de Tetuán.

Reflexiones en movimiento