Tetuán, policía secreta, diálogo con académicos locales...La Medina y su mística.
Diario etnográfico, capítulo sexto.
10/12/202617 min read
Notas de campo
El viaje a Tetuán resultó más sencillo de lo que había imaginado. En poco menos de dos horas llegué al centro de la ciudad. Una vez más, fueron los pasajeros más jóvenes quienes me ayudaron a traducir y me dieron las indicaciones necesarias para orientarme durante el trayecto. Al aproximarnos a Tetuán, la ciudad mostraba un paisaje urbano moderno, una característica que volvería a encontrar en otras ciudades marroquíes, especialmente en aquellas próximas a la costa atlántica.
El taxista se detuvo; todos se bajaron; él señaló con el dedo unas escaleras — ¡La Medina! —dijo por último, entregándome mi mochila. Mi hotel estaba entre pasajes antiguos de los que nunca supe de qué se trataban. Desde el principio de mi inmersión en el norte de África, decidí navegar a través del misterio; me hospedaba en hoteles al azar, simplemente llevado por la intuición; a veces acertaba, otras veces no. Caminando por las interminables calles de la medina, descubrí que el mundo clásico musulmán y yo teníamos mucho en común: circularidades, espirales, luces y sombras; no había forma de guiarse por un camino a menos que lo descifraras simbólicamente, pero yo aún no estaba capacitado para ello. Episteme: la calle como una red neurológica; la complejidad del pensamiento hecho ciudad. Al caminar, descubrí mi cerebro y mi voz interior; desenredé mis pensamientos y encontré el camino al hotel. La Medina como ceremonia de tránsito, mi pasaje a la claridad. Esta me siguió a lo largo de mi viaje por Marruecos, la amé, la odié, me transformó.
Una vez que ascendí unas prolongadas escaleras, atravesé una puerta de piedra, entré a la Medina y, tras un estrecho pasaje, seguí un largo bulevar hasta llegar a una amplia plaza militarizada; un palacio real se encontraba ahí, justo frente a una gran mezquita. Pese a que el mapa de Google me indicaba una ruta, pregunté a un militar, quien puso a prueba mi francés: —¡Wow! —. Apenas unos cientos de kilómetros y el francés, como lengua del poder, se me aparecía. Un niño se nos acercó ofreciendo agua; el policía le sugirió que me acompañara, pero luego me di cuenta de que tampoco él conocía la ruta hacia mi hotel… lo intuía. En mi interior lo llamé Aladín.
Seguí a Aladín alrededor de la plaza, por un pasaje colmado de puestos de ropa y de todo tipo de objetos, entre ellos, muchos dulces de almendra que se venden en el Caribe colombiano. Entramos a los profundos pasajes de la Medina, pasajes infinitos que serpentean de un lugar a otro; lo descubres al caminar… como la vida. Él me llevó hasta un hotel, luego otro, todos incorrectos; volví al mapa, a Booking, nada. Regresamos. Un anciano me preguntó en español qué estaba buscando; respondí que un hotel. Aladín continuó el diálogo en su idioma. Le explicó detalladamente la ruta que debíamos seguir. Al cabo de unos minutos, —¡lo conseguimos! — exclamé. Él se fue esa tarde, en los días siguientes lo veía con frecuencia en la plaza.
El frente de las casas en la Medina es absolutamente simple: una pared con ventanas y una puerta. Lo más bello está en el interior… ¡maravilla!, dentro del cuerpo, detrás del velo. Otro concepto estético, del espacio, de la privacidad, del confort. El resto del día lo dediqué al ocio, a la contemplación, a caminar sin norte ni guía, a perderme entre pasajes, descifrando el camino de regreso a casa. El llamado al rezo se escucha en cualquier rincón de la casa, de la Medina. Esa es tu única noción del tiempo —sobre todo cuando no llevas reloj—. Alá estructura tu vida, lo divino en el tiempo, porque él es el tiempo. Duermo.
A la mañana siguiente me despertó la policía secreta; me pidió que me levantara: —¿Are you the Colombian? ¡Passport! — Él no fue ni grosero ni intimidante. Los marroquíes son como los gatos: misteriosos, seductores, inductores, amos del tiempo.Entre otras cosas, Tetuán, como la gran mayoría de las ciudades que visité en Marruecos, está llena de gatos, a diferencia de Latinoamérica, donde los perros son mayoría. Volví a mi memoria, regresé sobre mis pasos indagando si hubiese cometido algún equívoco; la culpa me mordió como buen hijo de la cultura católica, aunque me asuma laico. El cuerpo no engaña, ahí se materializa la subjetividad de la cultura; la somatizamos.
Despertaron a todos los hombres de la habitación y también a los de los otros cuartos. ¿Cuál era el motivo? Migrantes. Hasta ese punto pensé que mi historia con Ceuta había terminado; las alertas de otras movilizaciones habían encendido las alarmas del gobierno. Qué conocía y desconocía el gobierno sobre ese tema me intrigaba: ¿cómo es posible que una movilización masiva de migrantes no sea visible? ¿Estas personas habrán superado sus métodos de vigilancia y rastreo? Me hice estas preguntas mientras esperábamos la orden para volver a nuestra rutina. —Buscan a migrantes argelinos —me respondió un viajero nacional con quien compartía habitación.
Los policías registraron todos los cuartos; a todos les pidieron el pasaporte pese a conocer previamente la nacionalidad de quienes estaban en ese hostal; no hacía falta esa requisa. La visita sorpresa tuvo la intención de confirmar, sobre el papel, lo que afirma el hostal, pero ellos saben que el negocio puede moverse de otra manera. No es normal que entre las 7 y las 8 am se realice una redada policial en un hostal. Marruecos funciona como un muro de contención: mantiene las aguas del Mediterráneo libres de muertos, pero, a su vez, está abierto al paso de cocaína, hachís y contrabando. Hipocresía europea. Mientras que, por un lado, detienen el paso de las personas, por el otro, promueven la economía ilegal. Una raya, dos rayas, tres rayas: Snif, snif…snif.
—You are free, Colombia —exclamó el policía entregándome mi pasaporte. Volví a la cama pensando en lo vulnerable que uno, como migrante, puede llegar a estar, y en cuánto privilegio se nota y se percibe en el trato según la nacionalidad. Lo que viene a Marruecos por debajo de sur frontera representa una sospecha. Me activé, volví del sueño onírico al que me condujo el encanto de la Medina y la Riad. Aún no ha terminado mi etnografía política sobre la migración en Ceuta. Leo las pistas; se abren caminos. Debo llegar a Rabat.
Por medio de un alemán viajero, supe que el dueño del hostal también era doctor en sociología; casualmente, ese día lo conocí por la noche. Su nombre es Marouan Farisus; es un tipo alto, misterioso, de mirada profunda, ávido conocedor de la historia de su país. Le expliqué mi intención de conocer lo que estaba ocurriendo con Ceuta, Marruecos y la Unión Europea respecto a la problemática de la migración; él aceptó que lo entrevistara al día siguiente. Pero ese día llegó y no se pudo.
La mañana antes de hacer el check-out, él me escribió por Instagram para invitarme a un hotel no muy lejos del suyo; ahí me esperaban él y su amiga, la doctora en derecho internacional y en estudios de seguridad, Latifa Benaaziz.
Me sentí un poco ansioso por la situación, pues el tiempo jugaba en mi contra; no había traído el equipo completo de grabación para hacer la entrevista como quería. El calor me agitaba, sentía la ansiedad. No podía creer que hubiera dado casualmente con dos académicos de altísimo nivel; era la primera vez que tejía un diálogo con intelectuales de esa parte del mundo y, lo más curioso, en diferentes idiomas con traducción simultánea. Instalé el micrófono y la cámara sobre un trípode con luz integrada que Marouan me prestó.
Una vez todo instalado, incluida la atmósfera bohemia, iniciamos una larga conversación. Yo simplemente guié a los colegas a través de mis observaciones recientes, mis intuiciones y las hipótesis que el etnógrafo plantea sobre el terreno: la participación observante, el registro visual y la lectura situacional. Todo tipo de información dispersa que luego se logre sistematizar para responder a preguntas básicas que se desconocen al ser ajeno a ese tipo de contexto nacional-territorial.
La entrevista que presento a continuación duró más de una hora; desafortunadamente, usé el cable equivocado para el audio externo (micrófonos). No obstante, una parte de la entrevista se conservó en la memoria del traductor, que Marouan y yo empleamos para mejorar la comunicación; mientras él hablaba en darija, yo preguntaba en español. La traducción la hacía GPT de forma simultánea. Estos pequeños errores técnicos suelen ocurrir al realizar trabajo de campo; aunque molestos, también son importantes para aprender a estar alerta al más mínimo detalle. Buscaré la manera de recuperar la reflexión teórica que Latifa desarrolla sobre la dimensión geopolítica de la migración porque, a mi parecer, su análisis fue brillante.
Agradezco a mi respetado colega Farisus por permitirme hacer uso de la transcripción de la entrevista, la cual se puede encontrar en su sitio web personal: حوار حول سياقات النزوح الاخير الى سبتة - Marouan Farisus
Fecha: 11 de agosto de 2026 Idioma original: Árabe Versión: Traducción al español
Entrevista realizada por William Álvarez, investigador especializado en migración y violencia, particularmente en América Latina, a Marouan Farisus. La conversación explora los contextos históricos, sociales, políticos y culturales de los movimientos migratorios recientes hacia Ceuta.
Parte I. Contextos históricos y culturales de la migración
William: Hace unos días hablamos sobre la migración y mencionaste algo relacionado con la imaginación. Me gustaría que profundizaras en la relación entre imaginación y migración.
Marouan Farisus: Para empezar, creo que, para comprender la cultura de la migración, primero debemos comprender la cultura árabe o, más precisamente, la cultura marroquí. Habitamos un espacio en el que confluyen numerosas tradiciones culturales y religiosas.
Dentro de la cultura religiosa marroquí, particularmente de la cultura islámica, el propio tiempo histórico del islam está marcado por la migración. El calendario islámico comienza con la Hégira, la migración del profeta Mahoma de La Meca a Medina. Por tanto, la migración es algo profundamente arraigado en la memoria religiosa islámica.
También está la peregrinación a La Meca, que los musulmanes que cuentan con los medios necesarios deben realizar al menos una vez en su vida. Cuando estudias la historia de Marruecos, o de Egipto, por ejemplo, encuentras historias de peregrinación, movilidad y migración. No son fenómenos que hayan surgido únicamente en las últimas décadas; forman parte de una cultura que se ha renovado continuamente a lo largo de la historia.
Creo que este es el primer trasfondo cultural que debemos tener en cuenta.
Además, si observamos los países del norte de África hace aproximadamente un siglo, antes de que las fronteras coloniales adquirieran su configuración actual, la movilidad entre estos territorios era considerablemente más sencilla. Los Estados nacionales y las fronteras no existían de la misma manera que hoy.
También debemos considerar la relación histórica entre el territorio que actualmente llamamos Marruecos y los territorios que hoy conocemos como España y Portugal. Esta relación se ha caracterizado por el conflicto, el intercambio y el movimiento.
En determinados momentos de la historia, los musulmanes, incluidos los marroquíes y los moros, gobernaron extensas regiones de la península ibérica durante el período de Al-Ándalus. En otros momentos, España se convirtió en una potencia colonial en el norte de Marruecos y el Sáhara.
Por tanto, en la memoria histórica marroquí existe la idea de que las relaciones con España no siempre han sido simplemente relaciones entre una potencia fuerte y otra débil. También han implicado formas de rivalidad, confrontación y lucha mutua.
Incluso la experiencia colonial no puede comprenderse simplemente como una decisión de España de colonizar Marruecos porque era más fuerte. También debe situarse dentro de las rivalidades entre las potencias europeas, particularmente Francia, Gran Bretaña y España, y su competencia por los territorios.
¿Por qué menciono todo esto? Porque considero que la migración tiene fundamentos sociales, culturales e históricos que no pueden separarse del fenómeno contemporáneo.
William: Entonces, hemos hablado de las raíces religiosas, políticas e históricas. Ahora quizá podamos hablar de la migración en Marruecos y de cómo ha evolucionado.
Marouan Farisus: La migración, particularmente en el norte de Marruecos, tiene una historia relativamente larga. Comenzó a intensificarse considerablemente después de la década de 1950, especialmente durante los años sesenta.
En aquella época, Marruecos experimentaba conflictos políticos internos que involucraban a la monarquía, el movimiento nacionalista y el Ejército de Liberación. Determinadas regiones, particularmente el norte de Marruecos y el Rif, eran consideradas zonas de resistencia política o de agitación.
En lugares como Alhucemas y Nador, durante ciertos períodos se facilitaron los procedimientos para obtener documentos y pasaportes destinados a la emigración.
Actualmente encontramos importantes comunidades originarias del Rif, especialmente de Nador y Alhucemas, que viven en Alemania, los Países Bajos y Bélgica. No se trata de un fenómeno nuevo.
Lo que ha cambiado en los últimos años es que la migración se ha vuelto cada vez más restringida. A medida que los pasos fronterizos se han cerrado o endurecido, particularmente los de Ceuta y Melilla, también ha cambiado la manera de gestionar la migración.
Los medios de comunicación internacionales y locales, especialmente en relación con las políticas europeas que en ocasiones buscan convertir a Marruecos en una especie de «gendarme de las fronteras», presentan cada vez más la migración como un acontecimiento excepcional, en lugar de entenderla como un fenómeno social continuo.
Creo que primero debemos comprender estos contextos históricos y sociales para evitar exagerar lo que está ocurriendo actualmente.
Parte II. Medios de comunicación, imaginación y deseo de migrar
Marouan Farisus: Después de estos antecedentes, ¿cuál es exactamente tu pregunta?
William: Lo que particularmente me interesa es conocer tu perspectiva sobre cómo operan los medios de comunicación y las redes sociales, y cómo los cambios generacionales están reconfigurando las dinámicas migratorias entre los jóvenes. ¿Cómo consumen los jóvenes la información mediática para reconstruir su visión del mundo?
También me interesa la perspectiva de género. Creo que existen elementos comunes que conectan las Américas, África y Europa. Hay un movimiento desde el Sur Global hacia el Norte que también se fundamenta en cierto tipo de imaginación.
Al mismo tiempo, existen diferencias culturales. Una cuestión que particularmente me interesa es la división social de género.
En las Américas, por ejemplo, tanto hombres como mujeres migran en cantidades significativas. Existen flujos migratorios continuos que involucran a ambos géneros. En contraste, la migración desde el norte de África parece estar más masculinizada. ¿Cuál sería la explicación sociológica de este fenómeno?
Marouan Farisus: En cuanto a los medios de comunicación, considero que el tratamiento contemporáneo de la migración está cada vez más gobernado por la lógica de las tendencias, en lugar de responder a un esfuerzo por comprender el fenómeno en profundidad.
Una parte importante de los medios de comunicación actuales también está vinculada con líneas editoriales de derecha. En consecuencia, lo que se publica no necesariamente refleja la realidad tal como es. En ocasiones, la realidad se reconstruye para servir a las narrativas de la derecha europea contraria a la inmigración.
En el ámbito local, particularmente en las plataformas de redes sociales, muchos jóvenes continúan considerando la migración como un derecho natural y una forma de oportunidad.
También existe un sentimiento relacionado con la dificultad de desplazarse libremente. Incluso si simplemente deseas viajar a Europa como turista, en lugar de emigrar, obtener una visa puede convertirse en un proceso extremadamente complicado.
Debes demostrar determinada situación económica y presentar garantías de que regresarás, además de cumplir una serie de rituales y procedimientos burocráticos que, en ocasiones, pueden describirse como vestigios de una lógica colonial.
Incluso cuando se concede una visa, su validez puede ser muy corta: una semana, un mes o tres meses.
Esto produce una sensación de confinamiento, de no poder desplazarse libremente entre otros territorios y países. También puede generar un sentimiento de resentimiento, no solamente hacia Marruecos, sino hacia África en general.
Desde una perspectiva cultural, también existe la creencia de que migrar es un derecho.
Hay un discurso que sostiene que los países europeos colonizaron África, se beneficiaron de sus recursos y apoyaron regímenes políticos y dictaduras en distintos momentos históricos. En consecuencia, cuando los jóvenes buscan actualmente empleo o una vida digna en Europa, en ocasiones perciben la migración como una manera de recuperar un derecho histórico.
Por supuesto, también existe una responsabilidad interna, y los Estados y las sociedades locales no pueden quedar exentos de ella. Sin embargo, este sentimiento asociado con la memoria colonial continúa presente.
Es como si alguien dijera: «Tú me quitaste algo en el pasado y, por tanto, hoy tengo derecho a desplazarme hacia ti».
Creo que la migración debe comprenderse a través de todos estos elementos.
Si solamente vemos imágenes de jóvenes corriendo hacia la frontera, reduciremos el fenómeno a la afirmación de que Marruecos padece problemas económicos o sociales.
Esto es parcialmente cierto, pero podría sorprenderte descubrir que algunas personas que desean emigrar ya tienen empleo, mientras que otras pertenecen a la clase media. El deseo de ir a Europa también existe entre las clases altas.
Algunas familias acomodadas envían a sus hijos a colegios extranjeros o al exterior para estudiar, y viajan a Europa para recibir tratamientos médicos.
Otras familias con recursos económicos adoptan estrategias diferentes, como viajar a países donde los niños adquieren la nacionalidad por nacimiento, de acuerdo con la legislación nacional, con el propósito de ampliar sus posibilidades futuras de movilidad.
Todas estas son estrategias mediante las cuales las personas buscan mejorar sus circunstancias a través de la movilidad y la migración.
El concepto de «mejorar las condiciones de vida» o «mejorar el estilo de vida» se ha vuelto más complejo actualmente, particularmente en la era de las redes sociales.
Se te presenta la idea de que una buena vida significa viajar por todo el mundo, visitar Bali, Francia y Estados Unidos, y disfrutar de un determinado estilo de vida basado en el consumo.
Las imágenes que circulan en las redes sociales imponen un modelo particular de lo que supuestamente debe ser una vida exitosa o hermosa.
Esto puede convertirse, por sí mismo, en una motivación para migrar, incluso si perteneces a la clase media y disfrutas de condiciones de vida relativamente buenas en Marruecos.
La migración no puede reducirse únicamente a la necesidad económica.
Parte III. Género, juventud y transformación de las expectativas sociales
William: Creo que compartimos ciertos elementos comunes entre las Américas, África y Europa. Existe un movimiento del Sur hacia el Norte fundamentado en la imaginación.
Una de las cuestiones que llama mi atención es la diferencia relacionada con el género. En las Américas migran tanto hombres como mujeres, mientras que la migración desde el norte de África parece ser más masculina. ¿Cuál es tu interpretación sociológica de esto?
Marouan Farisus: En realidad, resulta difícil ofrecer una explicación definitiva sin estudios sociológicos detallados. Sin embargo, podemos discutir ciertas hipótesis a partir de una especie de intuición sociológica.
Las recientes oleadas migratorias también han incluido un número significativo de niñas y mujeres. Si observas las imágenes difundidas por los medios de comunicación, notarás la presencia de niñas, no solamente de hombres jóvenes.
Podemos afirmar que Marruecos ha experimentado transformaciones importantes en los últimos años en relación con la posición de las mujeres dentro de la sociedad.
Ha habido avances en la participación de las mujeres y en el movimiento feminista, junto con políticas de cuotas en la vida política, representación femenina en instituciones y partidos políticos, y diversos programas y proyectos enfocados en mujeres y niñas.
Si examinamos los resultados educativos, encontramos que las niñas alcanzan niveles elevados de rendimiento académico en muchos casos.
Permíteme darte un ejemplo basado en una observación personal. Hace algunas semanas participé en unos exámenes universitarios de sociología. En un grupo de aproximadamente 120 estudiantes, había solamente unos diez hombres, mientras que la inmensa mayoría eran mujeres.
Las mujeres jóvenes tienen una presencia cada vez mayor en la educación y el empleo.
Quizá deberíamos invertir la pregunta.
¿Qué está ocurriendo con los hombres, o con los jóvenes varones, en Marruecos?
En ocasiones parece que algunos de ellos viven sin un proyecto claro.
El movimiento feminista, por ejemplo, tiene un proyecto y un discurso. Existe una historia de injusticia social experimentada por las mujeres y una lucha por transformar esa situación.
Con la creciente presencia de las mujeres, algunos hombres jóvenes pueden experimentar sentimientos de abandono o pérdida de propósito.
No estoy diciendo esto desde una perspectiva masculinista. Simplemente intento comprender el fenómeno.
Desde esta perspectiva, podríamos argumentar que la atención que algunos hombres jóvenes prestan a la migración está relacionada con la ausencia de un proyecto personal o social, o con sentimientos de marginación.
La migración se convierte entonces en una especie de solución o proyecto alternativo para estos jóvenes.
Marruecos está presenciando actualmente una presencia creciente de las mujeres en la vida pública y en los ámbitos político y cultural.
Las mujeres todavía experimentan formas de opresión y actitudes patriarcales, como ocurre en muchas otras sociedades, pero su participación se está ampliando gradualmente.
Esta creciente participación dentro de Marruecos puede hacer que las mujeres sean menos visibles en determinadas formas de migración irregular.
Sin embargo, si observamos la fuga de cerebros o la migración por motivos educativos, encontramos una presencia muy significativa de mujeres.
Parte IV. Narrativas en disputa, soberanía y política fronteriza
Marouan Farisus: Hay otro punto del que no hemos hablado y que considero muy profundo: el conflicto entre narrativas.
Marruecos está intentando actualmente consolidar una nueva narrativa sobre sí mismo: que es un Estado soberano, capaz de atraer inversiones extranjeras y que cuenta con importantes estrategias y proyectos de desarrollo.
Podemos tomar el fútbol como ejemplo.
La considerable atención dedicada al fútbol también está relacionada con un intento de construir una narrativa según la cual Marruecos es capaz de competir con las grandes potencias y organizar acontecimientos mundiales como la Copa del Mundo.
Por otro lado, existe otra narrativa europea que todavía presenta en ocasiones a Marruecos principalmente como una zona de tránsito para migrantes o como una fuente de amenazas migratorias hacia Europa.
Nos encontramos ante un conflicto entre narrativas.
El enfoque de Marruecos respecto a la gestión de las fronteras puede entenderse, en ocasiones, como un rechazo a ser reducido al papel de policía de Europa o guardián de las fronteras europeas.
Determinados discursos europeos continúan presentando a Marruecos como el territorio responsable de detener los flujos migratorios procedentes del Sur.
Esto se parece a otras narrativas presentes en diferentes partes del mundo, como el discurso utilizado por Donald Trump respecto a la frontera con México, donde la frontera se convierte en un espacio asociado con el peligro, la intrusión y la amenaza.
También encontramos narrativas similares en Italia y otros países europeos.
Marruecos está intentando disputar estas representaciones en el terreno de las imágenes y las narrativas.
La cuestión de las relaciones con Israel también puede situarse parcialmente dentro de esta disputa entre narrativas e intereses.
Cuando decimos, por ejemplo, que Israel apoya a Marruecos en una cuestión determinada, deberíamos preguntarnos: ¿se trata realmente de un apoyo a Marruecos en sí mismo? ¿O existe también una lógica de intereses y alianzas, o el principio de que «el enemigo de mi enemigo es mi amigo»?
No toda alianza representa necesariamente un apoyo incondicional a una de las partes. Puede ser simplemente el resultado de una convergencia de intereses en un momento determinado.
Hemos hablado de las dimensiones históricas, del conflicto social, de las narrativas y del género. Es posible que también existan otras perspectivas.
Parte V. Reflexiones finales
William Álvarez: Muchas gracias. Creo que es suficiente. Entiendo que este es un tema muy amplio y general, y podríamos quedarnos aquí conversando durante toda la tarde mientras tomamos café o té. Por eso, quizá sea mejor detenernos aquí.
Muchas gracias.
Por cierto, debería mencionar que eres sociólogo. ¿Podrías presentarte?
Marouan Farisus: Actualmente estoy realizando un doctorado en Sociología y trabajo en los campos de la sociología y la antropología, con especialización en cuestiones relacionadas con el turismo, el ocio, la digitalización y otros temas.
Antes de eso, particularmente durante mis estudios de maestría y pregrado, mis principales intereses estaban estrechamente relacionados con la sociología política.
Siempre he mantenido un interés por las cuestiones políticas y sociales.
Creo que ha sido una conversación muy interesante. Muchas gracias.
William: Muchas gracias a ti también.
Nota sobre la traducción: Esta versión en español está basada en el texto original en árabe. Se ha privilegiado la claridad y la fluidez del lenguaje, conservando el contenido y la secuencia de las intervenciones. No constituye una transcripción literal verificada con la grabación original.













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