Una conversación incómoda sobre migración y política con una académica Alemana
Entrevista
10/3/20261 min read
Notas de campo
Después de un par de meses residiendo y viajando por Europa, he llegado a la conclusión de que hablar de migrantes y de la migración se ha vuelto un tema sensible. En cada país, las posiciones al respecto suelen ser más radicales que en otros. No hay consenso; las opiniones están divididas, pero sus efectos en la esfera política se reflejan en el auge de los partidos de extrema derecha. En Alemania y Austria se comparten narrativas y voces en contra de la migración.
En lo personal, hay dos aspectos sociológicos que me sorprenden en ambos países. 1) La sombra del nazismo en relación con posiciones nacionalistas, étnicas e identitarias que, para efectos discursivos y políticos, parece censurar o restringir la libertad de opinión del electorado alemán, ni qué decir de su cultura política. 2) La cultura de la modestia y el respeto ciudadano en Austria ocultan un malestar respecto a la migración y a los problemas de vivienda que esta ha generado en ciudades capitales como Viena. En ambos casos hay silencios, pero cada uno responde a aspectos históricos, sociales y culturales muy distintos.
Me da la impresión de que los alemanes se cuidan mucho de manifestar sus verdaderas opiniones para no ser juzgados como nazis, aunque esta asociación sea ridícula; para ellos, el peso de la historia y la vergüenza moral han calado profundamente en su consciencia. Por otro lado, aprovechando mi visita a la ciudad de Krems para participar en un evento académico, entrevisté a una colega experta en estos temas. La intención de esta entrevista no es llegar a ninguna afirmación ni ofrecer una respuesta definitiva y única sobre el tema.
Theresa muy gentilmente accedió a responder algunas preguntas, preguntas que muy posiblemente los alemanes y austriacos se hagan en silencio, pero yo, como observador externo, quizás tengo el privilegio de hacerlas sin sentirme incómodo, aunque, sin lugar a dudas, la he hecho sentir muy incómoda.
Mil gracias, apreciada Theresa Schütze.

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